El país que más cerveza bebe per cápita no es Alemania

Hay un malentendido que persiste obstinadamente en el imaginario popular: cuando se habla de cerveza, se piensa en Alemania. Las jarras de litro de la Oktoberfest, las rubias con trajes tradicionales, las cervecerías...

El país que más cerveza bebe per cápita no es Alemania

Hay un malentendido que persiste obstinadamente en el imaginario popular: cuando se habla de cerveza, se piensa en Alemania. Las jarras de litro de la Oktoberfest, las rubias con trajes tradicionales, las cervecerías de Munich. Es una imagen tan poderosa que millones de personas dan por sentado que Alemania lidera el consumo mundial. Están equivocados, y la corrección tiene nombre y dirección: República Checa, Pilsen, Europa Central.

Los checos llevan décadas encabezando el ranking de consumo per cápita mundial con cifras que rondan los 180 litros por persona por año. Para dimensionarlo: eso equivale aproximadamente a una lata de 500ml cada día del año para cada ciudadano adulto, incluyendo a los que no beben. Alemania, con todo su peso cultural cervecero, queda entre el cuarto y quinto lugar dependiendo del año. Austria y Polonia suelen interponerse en el ranking.

La razón histórica es tan simple como fascinante: Pilsen es checa. La ciudad de Plzeň, en Bohemia occidental, fue el lugar donde en 1842 se elaboró por primera vez la lager dorada, clara y efervescente que hoy representa más del 90% de la cerveza que se consume en el mundo entero. El estilo Pilsner nació ahí, gracias a la combinación del agua extremadamente blanda del río Úhlava, las variedades locales de lúpulo Saaz de aroma noble y delicado, y la técnica de fermentación en frío traída desde Baviera. Los checos no solo inventaron el estilo más bebido del mundo: viven rodeados de su legado todos los días.

La Pilsner Urquell —que significa literalmente "la lager dorada original"— sigue produciéndose en Pilsen y sigue siendo considerada por muchos expertos como el referente absoluto del estilo. No la versión pasteurizada que se exporta, sino la no filtrada y sin pasteurizar que se sirve en los tanques de la propia cervecería: un líquido verde dorado, turbio, con una espuma densa y un amargor de lúpulo Saaz suave, floral y persistente. Si se viaja a República Checa solo para beber esa cerveza directamente de los tanques, está completamente justificado.

Don Lúpulo tiene una deuda personal con los checos. Cada vez que alguien le habla de Alemania como la capital mundial de la cerveza, saca este dato con la calma de quien tiene un as guardado en el bolsillo. La historia cervecera es compleja, multilocal y llena de sorpresas. Y una de las mejores es que el país que bebe más cerveza del mundo también inventó la más bebida. Respeto total.

— Don Lúpulo

Ex-Styrian Golding · Crítico independiente · Santiago de Chile
Sobre Don Lúpulo

Don Lúpulo nació técnicamente en los valles del Tirol, como un humilde cono de Styrian Golding dentro del maletín de cuero del Profesor D'Agusto E'Iniano — Specialista in Apicoltura e Dottorato in Regali Pubblicitari de la Università del Favol di Torino, Piemonte, Italia —, quien en uno de sus estudios sobre fermentación apícola había reunido una colección de lúpulos europeos de primera categoría. El profesor viajó a Chile por negocios de apicultura. El cierre del maletín no viajó muy bien.

En la cinta de equipajes del aeropuerto de Pudahuel, Don Lúpulo aprovechó su momento, rodó discretamente por el terminal y desapareció en Santiago con la tranquilidad del que no tiene visa pero tampoco tiene apuro. Lo que encontró fue una escena cervecera artesanal joven, honesta y llena de potencial. Recorrió cervecerías de norte a sur, aprendió chilenismos, olió fermentaciones, tomó notas. Nunca más pensó en volver a Europa.

Hoy comparte desde Chile todo lo que sabe: curiosidades, consejos, historia y opiniones sin filtro sobre el noble arte de la cerveza. El Profesor D'Agusto sigue sin saber dónde fue a parar ese lúpulo. Probablemente lo supone.

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